Inflamación de bajo impacto y tu salud

Inflamación de bajo grado y tu salud

La inflamación de bajo grado, cuando se mantiene de forma continua, puede afectar silenciosamente el bienestar de cada persona.

Como ginecólogo, considero importante explicar con claridad la diferencia entre la inflamación aguda, la inflamación de bajo grado y la inflamación crónica. Entenderlas nos ayuda a cuidar mejor nuestra salud física, mental, social y espiritual.

La inflamación forma parte de la vida. Nuestro cuerpo se inflama con frecuencia y por distintas razones: una infección, una lesión, el estrés, una mala noche de sueño o una alimentación poco adecuada. Afortunadamente, también tiene la capacidad de defenderse, repararse y regenerarse. Nuestra responsabilidad es apoyarlo con buenos hábitos.

¿Qué es la inflamación?

La inflamación es una respuesta de defensa del organismo. En el corto plazo puede ser útil: nos ayuda a combatir infecciones y a reparar tejidos. Sin embargo, cuando se mantiene activa de forma silenciosa y prolongada, puede convertirse en parte del problema.

No necesitamos conocer todos los detalles de la fisiopatología para comprender algo esencial: muchas de nuestras decisiones diarias influyen en el nivel de inflamación del cuerpo. Por eso, prevenirla y controlarla comienza con el estilo de vida.

Vivir con mayor calma, dormir bien, reducir el ruido excesivo, alimentarnos adecuadamente, mover el cuerpo y manejar el estrés son formas concretas de cuidar nuestra salud.

La inflamación en la vida diaria

Muchas enfermedades se relacionan con procesos inflamatorios: la obesidad y sus complicaciones, los trastornos metabólicos, PMOS,Endometriosis , las enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, las inmunodeficiencias y las infecciones.

También la vemos en situaciones cotidianas, como la colitis, las infecciones urinarias, algunos dolores de cabeza y el malestar persistente. Es muy prevalente en la menopausia sobretodo en mujeres sedentarias y con comorbilidades del sistema osteoarticular e inmunológico como las enfermedades autoinmunes.

Una alimentación inadecuada durante mucho tiempo favorece la inflamación crónica. Del mismo modo, dormir poco o mal puede alterar la recuperación del cerebro y del cuerpo, afectar el estado de ánimo y aumentar el riesgo cardiovascular. El ruido constante, el estrés y las jornadas laborales excesivas también dejan huella.

Hoy nuestras mujeres participan activamente en los ámbitos laboral, social y político, incluso en etapas avanzadas de la vida. Esto es valioso, pero también exige que cuidemos la salud integral, pues problemas antes atribuidos principalmente a los hombres también están afectando a muchas mujeres.

Inflammaging: inflamación y envejecimiento

Inflammaging es la unión de las palabras en inglés inflammation y aging. Describe una inflamación crónica, leve y persistente que puede aparecer con el envejecimiento, incluso cuando no existe una infección ni una enfermedad aguda evidente.

No se trata simplemente de “inflamación por la edad”. Es un proceso biológico que puede acelerar el desgaste de órganos y tejidos y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas.

¿Por qué ocurre?

Con el paso de los años se acumulan varios cambios que pueden mantener activado el sistema inmunológico:

  • Las células envejecidas dejan de dividirse y liberan sustancias que promueven inflamación.
  • Las mitocondrias, encargadas de producir energía, pueden funcionar con menos eficiencia.
  • La microbiota intestinal puede alterarse y favorecer señales inflamatorias.
  • El sistema inmunológico también envejece; a este fenómeno se le conoce como inmunosenescencia.
  • La grasa abdominal y la resistencia a la insulina producen sustancias inflamatorias.
  • El estrés crónico, el sedentarismo, la mala alimentación y los trastornos del sueño amplifican este proceso.

Enfermedades relacionadas

El inflammaging se asocia con un mayor riesgo de:

  • Enfermedad cardiovascular.
  • Diabetes mellitus tipo 2.
  • Obesidad y síndrome metabó
  • Alzheimer y otras demencias.
  • Osteoporosis y pérdida de masa muscular.
  • Algunos tipos de cáncer.
  • Fragilidad y pérdida de autonomía en el adulto mayor.
  • Crisis existencial y espiritual.

¿Podemos prevenirlo o reducirlo?

No podemos detener el paso del tiempo, pero sí podemos modular la inflamación crónica y envejecer con mayor salud y vitalidad.

Las recomendaciones con mejor respaldo son:

  • Realizar ejercicio regular, combinando actividad aeróbica con ejercicios de fuerza.
  • Seguir una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva, frutos secos y fibra.
  • Mantener un peso saludable, especialmente reduciendo la grasa abdominal.
  • Dormir entre siete y ocho horas, procurando que el sueño sea reparador.
  • Manejar el estrés con meditación, oración, respiración consciente o actividades contemplativas.
  • Evitar el tabaco y limitar el alcohol.
  • Cuidar la salud bucal e intestinal.
  • Evitar los extremos: el movimiento y el ejercicio deben fortalecer el cuerpo, no agotarlo.

También se investigan nuevas alternativas, como los senolíticos que buscan eliminar células envejecidas, los senomórficos que intentan disminuir las señales inflamatorias de estas células, moduladores de la microbiota y medicamentos como la metformina o la rapamicina. Sin embargo, estas opciones aún están en estudio y no sustituyen los hábitos de vida ni la valoración médica individual.

Epílogo

El inflammaging es una inflamación silenciosa y persistente que puede acelerar el deterioro de órganos y tejidos. La buena noticia es que el estilo de vida sigue siendo nuestra herramienta más poderosa para influir en este proceso.

Dormir bien, manejar el estrés, nutrirnos mejor, cuidar nuestras hormonas cuando corresponde y realizar ejercicio no extenuante son decisiones que protegen nuestra salud presente y futura.

“La mitocondria es vida, oxígeno y energía”; es la batería de nuestras células, y la inflamación puede dañarla.

Referencia bibliográfica: The Lancet Healthy Longevity.