De la transición a la menopausia

TRANSICIÓN MENOPAÚSICA

La menopausia, del griego “menspausis” que significa “suspensión de la menstruación,” marca el fin natural de la vida reproductiva. Como ginecólogos, nuestro objetivo es prevenir los síntomas y mejorar la calidad de vida de nuestras pacientes. Con una esperanza de vida en aumento, es crucial ofrecer opciones para una vida funcional y alegre.

La transición menopaúsica es el periodo que lleva de la vida fértil a la menopausia. Esta etapa se distingue por cambios en los patrones menstruales, como la regularidad, cantidad y duración del periodo, así como varios síntomas que afectan la esfera sexual, ósea, cardiovascular, metabólica y ocasionan sudoraciones nocturnas.

Durante esta transición, se observa una mayor variabilidad en la duración del ciclo menstrual, aumento de gonadotrofinas (especialmente FSH) y fluctuaciones erráticas del estradiol, junto con una pérdida significativa de óvulos y folículos ováricos. En promedio, las mujeres pasan alrededor de 35 años menstruando, excepto durante los embarazos. También hay cambios en los niveles de andrógenos ováricos (testosterona), con una disminución en la producción pero también una reducción en la proteína transportadora de testosterona.

Entre 4 y 5 años antes de la menopausia definitiva, la inhibina y la hormona antimulleriana comienzan a disminuir, la FSH aumenta y el estradiol se vuelve errático. Además de los cambios menstruales, hay síntomas vasomotores (sofocos), resequedad vaginal, dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia) y síntomas urinarios (dolor al orinar y urgencia miccional). Estos cambios son indicativos de la pérdida de colágeno, elasticidad y grosor de las paredes vaginales.

Aproximadamente el 20% de las mujeres experimentan síntomas emocionales disruptivos, como depresión, dificultades maritales y trastornos del sueño, a menudo exacerbados por la sudoración nocturna. La transición menopaúsica puede ser más sintomática que la menopausia misma, con riesgos adicionales de enfermedades metabólicas, osteoporosis y problemas cardiovasculares si no se trata adecuadamente.

Un conjunto de exámenes preventivos y una historia clínica detallada permiten crear tratamientos personalizados. Las opciones incluyen terapia hormonal, medicamentos vasoactivos, ejercicio moderado, buen dormir, alimentación adecuada y prácticas de meditación y reflexión. Las terapias alternativas son también reconocidas y recomendadas para quienes no pueden usar hormonas.